jueves, 17 de marzo de 2011

Una historia de guerra.

Hola a todos.

Hoy os dejo una historia de D. Arturo  Os dejo su enlace y reproduzco su historia: Patente de Corso
 

Una historia de guerra

Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.

Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.

Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.

Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.

A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.
 

miércoles, 2 de marzo de 2011

All blacks. The Legacy.

Hola a todos:
Hay muchos recuerdos de mi niñez junto a mi padre y hermano, que suelen aparecer, justo cuando los necesito para avanzar un poco ante las dificultades, como ver un partido de rugby entre Nueva Zelanda y cualquier otro equipo. Es un recuerdo especial.

 Recuerdo que por entonces apenas entendía el juego y me limitaba a ver, como unos cuantos vestidos de negro, se ponían a cantarles algo a los contrarios antes de comenzar el partido. El rugby tiene entre otras muchas cosas especiales, esta.


Era algo que no comprendía, ¿por qué cantan?...
Y sin embargo recuerdo la mirada de mi Padre fija en la televisión, emocionado, reconociendo algo que yo no era capaz de ver. Con el tiempo, descubres lo que la "haka" significa para los maories y la importancia de sus tradiciones.
La "haka", no es sólo un acto de hermanamiento ante la confrontación. Es reconocer los miedos en común, con el coraje de hacerles frente en grupo. Es reconocer, que en el acto de mirar de frente a tus miedos, la tradición, el saberte respaldado te ayuda a vencer a tu miedo interior.
Peter Drucker, escribió una vez que "... en el acto de medir, cambia lo medido y el medidor...".
Recuerdo esta frase, pues para los "All blacks" de Nueva Zelanda, la "haka" es una forma de mantener el legado de sus ancestros, en un acto de unión ante lo que viene...
Se reconocen sobre el terreno, al unísono, hombro con hombro, juntos. Miden a sus oponentes, sus caras, su expresión corporal y se miden a ellos mismos en una danza en la que se saben capaces, siempre que estén juntos.
Capaces de vencer, os preguntareis.... Eso no les preocupa tanto como el saberse capaces de hacerlo juntos. Y te avisan... vamos juntos, sin fisuras, como uno sólo.
"... were all heart... never lay down... "

Por tanto, no lo hacen para los de enfrente... es para ellos mismos para quien cantan. Es una forma de reconocerse sólos, pero respaldados. Sin condiciones, salvo la del grupo. Es su legado, en estos días en los que el pasado, la historia y los valores se pierden.




The legacy is more intimadating than any opposition....