martes, 25 de enero de 2011

Un español de pura cepa.

Hola a todos,

En estos días en los que eso de ser español suena a carca y casposo, en los que amar a tu bandera, su historia y tradiciones esta siendo borrado de la formación de nuestros hijos, en los que España y toda su historia pretende ser reescrita y ajustada a intereses de unos pocos, este que os escribe quiere contaros una historia.

Hace unos días, paseando por Córdoba con mi mujer, vi el letrero de una de sus calles que rezaba, así:




Calle del Teniente La Portilla, muerto en Melilla el 27 de Julio de 1909.

Batallon de cazadores Llerena nº 11.







La verdad es que llevo poco tiempo viviendo en Córdoba y como Onubense que soy, no me sonaba de nada el nombre. Pero tal cuadro me llamó la atención y empecé a indagar sobre el tal La Portilla.

Pues este señor, desconocido para la mayoría de los cordobeses y para el resto de los que pasan por la calle que lleva su nombre, es un héroe de guerra. Uno de tantos que dio su vida por los demás en acto de servicio.


D. Braulio de La Portilla Sancho, nacido en Córdoba en mayo de 1888. Ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1904. En 1909 fue destinado al Batallón de Cazadores de Llerena número 11, en Madrid.

Con el inicio del conflicto en Melilla, tras el ataque de los rifeños a unos trabajadores del ferrocarril, su batallón, es destinado a defender la ciudad. En el camino es ascendido a segundo teniente. El 27 de julio, reciben la orden de avanzar hacía las estribaciones del Gurugú, para apoyar la retaguardia del general Ledesma. La Portilla, iba al mando de su sección, cuando llegaron al Barranco del Lobo, recibiendo en ese momento su bautismo de fuego.

En ese momento, la 2ª compañía estaba siendo rodeada por la izquierda y a bayoneta calada aguantaban como podían. Vamos para que me entiendan, que estaban con los rifeños encima y cuerpo a cuerpo, osea que complicado se pone la cosa para volver a casa amigo mío, que diría alguno. 
Como pudieron retrocedieron nuevamente y se aportaon de retaguardia, en algunos grupos. La 1ª compañía, a la derecha, apenas aguantaba el tipo, en inferioridad y con numerosos heridos, mientras los africanos intentaban separar a ambos grupos, atacando con fiereza por el centro.

Ante estos hechos, el segundo teniente de La Portilla Sancho que se ha dado cuenta de lo que sucede a la 1ª y 2ª compañías y que se halla al mando de la sección de reserva, se lanza al ataque de los moros, tratando de cerrarle el paso, cubriendo el hueco que existe entre su compañía y la del capitán Moreno de Guerra.

Una vez ha llegado el teniente la Portilla a la posición defendida por el capitán Moreno de Guerra, es herido gravemente. Su capitán llega hasta él, produciéndose el dialogo siguiente (textual):

Capitán: “…¡Ánimo muchacho. Esto no es nada!…”
Portilla : “…No se apure, mi capitán, de aquí ¡no hay quien nos eche!.

Portilla, haciendo un esfuerzo, toma el fusil de un caído y parapetado detrás de una roca hace fuego. El capitán llama a su lado al resto de la tropa, unos cuarenta hombres y les anima. –Ya no podrán rodearnos muchachos!,¡Los jabatos del teniente Portilla nos ayudan!,¡Vamos adelante!,¡Que no se diga que los de la 1ª, tienen más reaños que nosotros!,¡A ellos!.-…”
El capitán es herido nuevamente, esta vez en el vientre, balazo que acaba con su vida.  Valiente el tal Moreno.

El teniente la Portilla, anima a los soldados, son un puñado y durante largo rato, resisten los ataques de los moros. Poco tiempo después, la Portilla, es herido de nuevo y se produce la desbandada . La Portilla trata de evitarlo no consiguiéndolo. El capitán Padín, de la 1ª compañía también ha muerto. Ante tal desbandada, los cazadores, que habían recibido en ese combate su bautismo de fuego, incapaces de reaccionar, huyen, dejando a los oficiales en manos de la furia rifeña.
La petición de la Cruz Laureada de San Fernando, para el segundo teniente de Infantería D. Braulio de La Portilla Sancho, fue efectuada por su madre, Doña Patrocinio Sancho Valera. La pensión que acarreaba la concesión de dicha condecoración, fue ofrecida para el huérfano del colegio de María Cristina que más destacase en el curso escolar, dando lugar a la creación del premio “La Portilla-Sancho”, algo inexistente hasta el momento. Esta noticia, fue dada a conocer en las páginas de “El Imparcial”, el 18 de diciembre de 1909, bajo el título, “…Heroísmo y generosidad…”


Hasta aquí una de las muchas historias que cuenta nuestra historia. La de un jovenzuelo que en su bautismo de fuego, se mantiene firme y en ayuda de sus compañeros de forma heroica pierde la vida. Un tonto dirían unos, un loco dirán otros y hasta algunos pensaran que lastima perder la vida tan joven por un país o una bandera.

Lo cierto es que son estas acciones las que nos definen como país, las que escriben nuestra historia y las que mantenían en su sitio a quienes querían reconquistar la península. Acciones que caen en el olvido y se limitan a rezar nombres de calles y esquinas de ciudades. Acciones que nos permitieron crecer como nación, aunque esa es una palabra herida de muerte en nuestro diccionario.

Ojalá esta y otras historias nunca se pierdan y en esta nuestra España, se recuerde con orgullo a personas como el joven Teniente La Portilla, nacido en Córdoba, que  con 21 años salvó vidas, las de sus compañeros y quien sabe si muchas mas.

Un abrazo


Fuente: “ABC”, Madrid, 1ª Edición, pág. 12, jueves 19 de agosto de 1909.

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