jueves, 27 de enero de 2011

México: La historia de Don Alejo Garza

Hola a todos.

Hoy os dejo una historia de nuestro pais hermano, Mejico. El gran Arturo Perz Reverte, como siempre, hace subir el pan. Os dejo su enlace y reproduzco su historia: Patente de Corso

Patente de corso

La historia de don Alejo Garza

Hay un episodio reciente que ha pasado inadvertido para la mayor parte de los medios de comunicación españoles. Quizá porque no es modelo de mansedumbre y buen rollito, y resulta socialmente incorrecto al haber pistolas, escopetas y toda clase de armas de por medio. Y en este país imbécil que habitamos y que nos habita, de ahí a llamarle ultraviolento y facha -etiqueta adhesiva polivalente- a su protagonista, incluso a quien se refiera a él, hay menos que el canto de un euro. Pero me importa un carajo. Como decía mi abuelo, hay cosas que alientan la virtud, o al menos cierta clase de ella, aunque no se trate de la que anda al uso. Así que, bueno. Quien sepa ver virtudes en esta historia, que las aproveche. Y el que no, pues oigan. Que le vayan dando.

Se llamaba Alejo Garza Támez, tenía 77 años y era empresario maderero con rancho en Tamaulipas, México. Nadie le había regalado nada: llevaba toda la vida trabajando, y cuanto tenía lo ganó con sudor y trabajo. Aficionado a la caza y la charla con los amigos, era respetado por sus vecinos; de esos hombres cuyo apretón de manos y palabra valen más que un contrato firmado. Su desgracia fue que, en los últimos tiempos, Tamaulipas, como buena parte de México, se ha convertido en territorio comanche: narcos hasta en la sopa. Y hace dos meses, el sábado 13 de noviembre, con precisión de corrido de los Tigres del Norte, los sicarios del cártel de allí fueron a decirle muy gallitos que ahuecara. Que su propiedad les interesaba, y que debía arreglarse con ellos. Veinticuatro horas para pensarlo, dijeron. Luego aténgase a las consecuencias. Que, tal como andan las cosas en esa tierra, se resumían en una: velatorio con cuatro cirios encendidos en las esquinas y ataúd en medio. El suyo.

Don Alejo se lo pensó, en efecto. Con casi ochenta tacos de almanaque, concluyó, lo mío anda más que amortizado. Se le hacía cuesta arriba cambiar de rancho, a su edad. Así que, parafraseando a Cervantes, se dijo aquello de balas tengo, lo demás Dios lo remedie. Hasta aquí hemos llegado. Reunió a los trabajadores del rancho, les pagó lo que les debía, y ordenó que al día siguiente no fuese ninguno a trabajar. Quiero estar solo, dijo. Luego hizo recuento de armas y municiones -ya he dicho que era cazador- y pasó el resto del día en preparar la casa para su defensa, poniendo barricadas en las puertas y disponiendo escopetas y cartuchos para disparar en cada ventana. La noche fue larga, de poco sueño y mucha alerta, atento a cualquier ruido exterior. Supongo que se quitaría el frío con una botella de tequila y mataría las horas con cigarrillos. Tal vez había dejado el tabaco años atrás, por la salud, y volvió a fumar esa noche. Es así como imagino a don Alejo: sentado en la oscuridad con un rifle semiautomático entre las piernas, los bolsillos llenos de cartuchos, un tequila en una mano y la brasa roja de un cigarrillo en los labios, entornados los ojos para escudriñar la noche, atento a los sonidos del exterior. Recordando a ratos su vida. Esperando.

A las cuatro de la madrugada sonaron motores. Bajando de varias camionetas, armados hasta los dientes con fusiles de asalto y muy seguros de sí, como suelen, una veintena de sicarios se encaminó a la casa, gritando que tomaban posesión del rancho. Que todo el mundo saliese afuera, con las manos en alto. Entonces, en el interior, don Alejo apuró el tequila, apagó el último pitillo con el tacón de sus botas de piel de iguana y empezó a pegar tiros.

Fue un verdadero combate, largo e intenso. Hasta granadas usaron. Desde los ranchos cercanos se oyó mucho rato el crepitar de las balas y el retumbar de las explosiones. Don Alejo vendía cara su veterana piel. Y cuando a la mañana siguiente tropas de la Marina mejicana llegaron al lugar, aquello parecía un campo de batalla. La casa todavía olía a pólvora, acribillada por centenares de disparos e impactos de granadas. El interior, destrozado a tiros, se veía alfombrado de casquillos de bala disparados por don Alejo; que yacía muerto junto a una ventana, con el rifle todavía cerca. Se había llevado por delante a cuatro gatilleros, cuyos cadáveres estaban tirados delante de la casa. Dos sicarios más, gravemente heridos, a los que sus compañeros habían dejado atrás por creerlos muertos como los otros, vivieron lo suficiente para contar la historia. El viejo peleó como una fiera, dijo uno. Hasta el último cartucho.

Colorín, colorado. Ésta es la vida y la muerte, real como la vida y como México mismo, de don Alejo Garza Támez. Si el ejemplo es edificante o no, allá cada cual con lo que entienda. Yo me limito a contar la historia de un abuelete de Tamaulipas a quien los poderosos -los narcos, en su caso- dijeron que se hincara de rodillas, y no quiso. Le daba pereza.


Pues nada, ahí queda eso.
Un abrazo a todos.

martes, 25 de enero de 2011

Un español de pura cepa.

Hola a todos,

En estos días en los que eso de ser español suena a carca y casposo, en los que amar a tu bandera, su historia y tradiciones esta siendo borrado de la formación de nuestros hijos, en los que España y toda su historia pretende ser reescrita y ajustada a intereses de unos pocos, este que os escribe quiere contaros una historia.

Hace unos días, paseando por Córdoba con mi mujer, vi el letrero de una de sus calles que rezaba, así:




Calle del Teniente La Portilla, muerto en Melilla el 27 de Julio de 1909.

Batallon de cazadores Llerena nº 11.







La verdad es que llevo poco tiempo viviendo en Córdoba y como Onubense que soy, no me sonaba de nada el nombre. Pero tal cuadro me llamó la atención y empecé a indagar sobre el tal La Portilla.

Pues este señor, desconocido para la mayoría de los cordobeses y para el resto de los que pasan por la calle que lleva su nombre, es un héroe de guerra. Uno de tantos que dio su vida por los demás en acto de servicio.


D. Braulio de La Portilla Sancho, nacido en Córdoba en mayo de 1888. Ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1904. En 1909 fue destinado al Batallón de Cazadores de Llerena número 11, en Madrid.

Con el inicio del conflicto en Melilla, tras el ataque de los rifeños a unos trabajadores del ferrocarril, su batallón, es destinado a defender la ciudad. En el camino es ascendido a segundo teniente. El 27 de julio, reciben la orden de avanzar hacía las estribaciones del Gurugú, para apoyar la retaguardia del general Ledesma. La Portilla, iba al mando de su sección, cuando llegaron al Barranco del Lobo, recibiendo en ese momento su bautismo de fuego.

En ese momento, la 2ª compañía estaba siendo rodeada por la izquierda y a bayoneta calada aguantaban como podían. Vamos para que me entiendan, que estaban con los rifeños encima y cuerpo a cuerpo, osea que complicado se pone la cosa para volver a casa amigo mío, que diría alguno. 
Como pudieron retrocedieron nuevamente y se aportaon de retaguardia, en algunos grupos. La 1ª compañía, a la derecha, apenas aguantaba el tipo, en inferioridad y con numerosos heridos, mientras los africanos intentaban separar a ambos grupos, atacando con fiereza por el centro.

Ante estos hechos, el segundo teniente de La Portilla Sancho que se ha dado cuenta de lo que sucede a la 1ª y 2ª compañías y que se halla al mando de la sección de reserva, se lanza al ataque de los moros, tratando de cerrarle el paso, cubriendo el hueco que existe entre su compañía y la del capitán Moreno de Guerra.

Una vez ha llegado el teniente la Portilla a la posición defendida por el capitán Moreno de Guerra, es herido gravemente. Su capitán llega hasta él, produciéndose el dialogo siguiente (textual):

Capitán: “…¡Ánimo muchacho. Esto no es nada!…”
Portilla : “…No se apure, mi capitán, de aquí ¡no hay quien nos eche!.

Portilla, haciendo un esfuerzo, toma el fusil de un caído y parapetado detrás de una roca hace fuego. El capitán llama a su lado al resto de la tropa, unos cuarenta hombres y les anima. –Ya no podrán rodearnos muchachos!,¡Los jabatos del teniente Portilla nos ayudan!,¡Vamos adelante!,¡Que no se diga que los de la 1ª, tienen más reaños que nosotros!,¡A ellos!.-…”
El capitán es herido nuevamente, esta vez en el vientre, balazo que acaba con su vida.  Valiente el tal Moreno.

El teniente la Portilla, anima a los soldados, son un puñado y durante largo rato, resisten los ataques de los moros. Poco tiempo después, la Portilla, es herido de nuevo y se produce la desbandada . La Portilla trata de evitarlo no consiguiéndolo. El capitán Padín, de la 1ª compañía también ha muerto. Ante tal desbandada, los cazadores, que habían recibido en ese combate su bautismo de fuego, incapaces de reaccionar, huyen, dejando a los oficiales en manos de la furia rifeña.
La petición de la Cruz Laureada de San Fernando, para el segundo teniente de Infantería D. Braulio de La Portilla Sancho, fue efectuada por su madre, Doña Patrocinio Sancho Valera. La pensión que acarreaba la concesión de dicha condecoración, fue ofrecida para el huérfano del colegio de María Cristina que más destacase en el curso escolar, dando lugar a la creación del premio “La Portilla-Sancho”, algo inexistente hasta el momento. Esta noticia, fue dada a conocer en las páginas de “El Imparcial”, el 18 de diciembre de 1909, bajo el título, “…Heroísmo y generosidad…”


Hasta aquí una de las muchas historias que cuenta nuestra historia. La de un jovenzuelo que en su bautismo de fuego, se mantiene firme y en ayuda de sus compañeros de forma heroica pierde la vida. Un tonto dirían unos, un loco dirán otros y hasta algunos pensaran que lastima perder la vida tan joven por un país o una bandera.

Lo cierto es que son estas acciones las que nos definen como país, las que escriben nuestra historia y las que mantenían en su sitio a quienes querían reconquistar la península. Acciones que caen en el olvido y se limitan a rezar nombres de calles y esquinas de ciudades. Acciones que nos permitieron crecer como nación, aunque esa es una palabra herida de muerte en nuestro diccionario.

Ojalá esta y otras historias nunca se pierdan y en esta nuestra España, se recuerde con orgullo a personas como el joven Teniente La Portilla, nacido en Córdoba, que  con 21 años salvó vidas, las de sus compañeros y quien sabe si muchas mas.

Un abrazo


Fuente: “ABC”, Madrid, 1ª Edición, pág. 12, jueves 19 de agosto de 1909.

miércoles, 19 de enero de 2011

Los CEO's también fracasan (Prof. Guido Stein, IESE)

Hola a todos,

Tuve el placer de disfurtar de sus clases cursando el MBA y la verdad es que cuando habla "sube el pan", como decía un compañero del grupo.

¿Qué significa que un CEO fracase? ¿Quién lo determina? ¿Se debe únicamente a resultados económicos?


A partir del análisis de un gran número de investigaciones, el profesor del IESE Guido Stein se centra en los factores de fracaso más habituales, para intentar aclarar una cuestión tan difusa como son las dificultades en la carrera profesional del CEO.





Un abrazo a todos

lunes, 17 de enero de 2011

Our future comes from our past: Normandy Speech

Dear all,

So many times I used to heard some empty words about our rigths, our liberties, but always forgeting our duties. It seems it is free. The past winter holidays I did review some books about our hystory and looking for further information on the web, I found this speech: don´t forget why they figth for.
 





Mere la pena escucharlo.

Saludos

martes, 11 de enero de 2011

Por qué no podemos caminar recto. Why Can't We Walk Straight?

Hola a todos, Hi folks,

Es curioso, verdad ¿?. Quizás es que no somos tan simétricos como pensamos...



Un abrazo a todos



P.S.: Feliz cumpleaños Ramón.

jueves, 6 de enero de 2011

Never steal a hacker's laptop.

Hi folks,

Happy new year. I would like to start the new year with this story. There are so many things we forget about our security that maybe after this vid you will review.



Take care and enjoy.

Regards.